Por: R. P. Ramón Sevilla SJ

Así nos manda Jesús que seamos y, como siempre, nos sorprende y enseña que debemos unir extremos opuestos. Él mismo nos pone el ejemplo: es Dios y Hombre, es cordero y es pastor, es niño siempre y adulto también. Es indispensable unir extremos para reflexionar con sabiduría sobre lo que estamos viviendo. Los presidentes Trump y Putin se proponen exterminar a los terroristas del Estado Islámico.

 ¿Cómo deben las autoridades librar al mundo del fanatismo de los terroristas? Lo primero que quiero mencionar, a luz de la razón y de la fe es que si tanto las autoridades como las fuerzas armadas que reprimen a los terroristas, van movidos por el odio, se ponen en el mismo plano de los terroristas. Reprimir el odio con odio es terrorismo compartido por una parte y por otra. La luz de la razón corresponde a los “reinos” de este mundo, la luz de la fe corresponde al reino de Dios, el del cielo, que Jesús trajo a la tierra. Razón y fe son extremos que debemos unir.

La luz de la razón enseña que la humanidad es una gran familia universal, todos estamos llamados por esta realidad a amarnos como hermanos. Como es propio del ser humano equivocarse y tener fallas, es razonable que nos ayudemos a corregirnos con amor y sin faltar a la justicia. La expresión “ojo por ojo, diente por diente”, así dicha al estilo gráfico de los pueblos orientales y que no se interpreta literalmente, significa que a cada delito le corresponde una sanción proporcionada, dada por la autoridad y rechazando la venganza y el odio. Los romanos, creadores del derecho universal, lo dijeron muy bien: “Es lícito repeler la violencia con violencia, también cuando fuere inevitable quitar la vida al violento agresor en defensa propia o ajena, con justicia y equidad y con la debida moderación” .

Es de la mayor importancia, antes de echar mano de la violencia o al mismo tiempo con ella, buscar con sabiduría todos los recursos posibles para enfrentar y reprimir a los violentos terroristas y a los delincuentes en general, sin odio y con la menor violencia posible. Los que gobiernan y los que participan de los cuerpos de seguridad han de fomentar estos cinco grandes valores humanos: humildad, paciencia, energía, valor y, sobre todo, amor. Todos los seres humanos somos limitados, no somos Dios; somos débiles, sin Dios nada podemos, todo lo hacemos en Dios aunque no nos demos cuenta; y estamos inclinados poderosamente al mal, somos pecadores; todo esto resta eficacia a lo que solo como humanos podamos lograr. El gran peligro del odio y de la violencia injusta es que es capaz de provocar una escalada y espiral de violencia generalizada a nivel internacional y aun mundial. 

La luz de la fe no excluye lo que se ha dicho de la luz de la razón, más aún, se une a todos los valores y recursos propios de las naciones de la tierra y les da su máxima eficacia, y nos asegura que los pueblos que verdaderamente son de Dios, son objeto privilegiado de la todopoderosa protección divina, como lo fue el antiguo Israel en sus mejores tiempos y siempre lo es. Pienso en el santo Rey David que, aunque fue pecador, pidió perdón y una vez convertido, sufrió el castigo y gobernó por muchos años felizmente a su pueblo, libre de sus enemigos, con paz y prosperidad.

Jesucristo en su tiempo trajo el Reino de Dios al mundo y nadie se lo pudo impedir, a pesar de tanta oposición. Progresivamente lo fue haciendo realidad, personalmente con sus discípulos y discípulas, con los padres de familia que lo recibían en sus casas y en Samaria, cuando los jefes y la gente lo recibieron en la ciudad de Sicar. Fue allí donde llevó a término la obra –el maravilloso plan– que el Padre le encomendó (Jn, 4,34). Entonces predijo Jesús que lo que él había sembrado, el segador lo iba a cosechar: el diácono Felipe, Pedro y Juan completaron la evangelización de todo el pueblo de Samaria.

Llevar ahora a término este plan es lo que Dios nos encarga a nosotros que somos el Cristo Total, Cabeza y miembros, el nuevo Israel, la Iglesia, verdadera Esposa de Cristo y Madre de todos los pueblos de la tierra. Muy especialmente, como lo expone san Ignacio de Loyola, la Iglesia jerárquica, la comunidad del Papa y los Obispos (Ejercicios, n. 353). Somos enviados a evangelizar confiando en lo que el Señor nos prometió: “Ustedes harán las obras que yo hago y aun mayores que estas, porque yo me voy al Padre. Lo que pidan en mi nombre yo lo haré” (Jn 14,12-14). Con él, la humildad, la paciencia, la energía, el valor y el amor, no serán solo valores humanos, sino evangélicos, para que los poderosos, una vez evangelizados, no se dejen engañar por el espíritu del mal, quien a ellos y a todos, alejados del Señor, fácilmente nos vence, nos esclaviza y corrompe.

Lo que propongo ¿es utópico y absolutamente imposible? ¿Decirles a los más grandes y poderosos del mundo, los gobernantes y líderes de toda la tierra, que la Iglesia es su Madre, a quien con todos sus subordinados deben obedecer como hijitos a su papá y a su mamá? Jesús, en el momento culminante de su misión en tierra, lo dijo con toda claridad a los jefes de Israel en su ciudad capital: “¡Jerusalén, Jerusalén, la que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mt 23,37). Y les dijo que solo así les traería la paz que el mundo, de por sí, no puede dar, y profetizó la destrucción del templo y de la ciudad.

Algunos seguidores de Jesús son llamados, como él, al supremo testimonio de la caridad evangélica por amor al Reino de los cielos. Jesucristo se entregó indefenso como cordero en medio de los lobos para dar su vida por Israel, por el Imperio de Roma y por las ciudades y naciones de toda la tierra. A la violencia de sus feroces adversarios correspondió con su amor llevado hasta el extremo. Perdió la vida pero su amor salió triunfante de todas las pruebas, y permanece siempre haciendo posible con él, lo que sin él nos es imposible.

En los “reinos” de la tierra él nos llama a crecer y ser adultos, pero en su reino nos dice: Cambien, háganse como niños, son ovejas de mi rebaño y pollitos que se refugian bajo las alas maternales de la gallina. El Padre puede hacer que los lobos más feroces se conviertan en corderos, tiene todo el poder, pero sin violentar su libertad y contando con nuestra colaboración. Este es el propósito de toda verdadera y completa evangelización: con la oración, el ejemplo, el ofrecimiento de nuestras vidas y obras, la ayuda mutua de acción y de palabra, todo brotando y culminando en el Banquete nupcial del Señor: la santísima Eucaristía.

A todo el que lea este escrito: No perdamos de vista este objetivo culminante de toda evangelización: LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR. Jamás nos desviemos del camino señalado por Jesús. He aquí la síntesis: conversión permanente; fe, creer cada día con más luz en el Señor; seguimiento, unirnos a él para amar como él al Padre y a todos; y la costumbre virtuosa de participar cada ocho días en su Banquete, la santa Eucaristía.  

Aceleremos el momento de llevar a término su plan: con él a)busquemos a las ovejas perdidas, b) vayamos a los jefes del hogar y a los líderes de todo conjunto humano y c) a todos los que gobiernan las ciudades y las naciones. Jesús rompió los siete sellos del libro que oculta el sentido secreto de la historia de la salvación y de toda la historia de la humanidad. Con asombrosa concisión lo predice san Juan en el Apocalipsis, 20, 1-6, que por fin, en un momento dado, la Iglesia del cielo y de la tierra logra que un ángel encierre en el abismo a la serpiente que engaña a las naciones; los que son de Cristo “reinarán con él mil años” –hebraísmo que expresa un tiempo largo e indeterminado–. Y terina con un solemne macarismo, es decir, con palabras de felicitación: “Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección”, son estos quienes viven en gracia de Dios resicitados y esperan en la parusía la segunda venida del Señor.

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Nací el 3 de octubre de 1985, originario del Ejido San Agustín en el Municipio de Torreón Coahuila México, Realicé mis estudios en la escuela primaria del Estado "Liberación Proletaria", ubicada en la misma localidad; los estudios de secundaria fueron realizados en la escuela "Profesor José Rodríguez González, que se ubica en el centro de la ciudad de Torreón; mi educación preparatoria fue un poco accidentada, inicié dicha etapa en el "Centro de Estudios Tecnológicos y de Servicios #59" ubicado a espaldas de "Soriana Constitución" (Empresa de Súper Mercado Lagunera) en la ciudad de Torreón; sin embargo, permanecí en esa institución sólo un año (2001-2002), el 23 de agosto del año 2002 decidí Ingresar a la Preparatoria "Instituto Ciencias Humanas" (Seminario Menor), que se encontraba en el Ejido San Agustín, (donde sigo viviendo [hoy ya no existe dicha preparatoria, pues se transformó en el "curso Introductorio"]); no obstante en dicha escuela permanecí sólo dos años (2002-2004), para terminar los estudios de preparatoria en la "Escuela de Estudios Comerciales Computacionales y Fiscales" (ESCOFIS) donde sólo estudié un año (ciclo 2004-2005); en agosto del año 2005 ingresé al Seminario Diocesano de Torreón a la etapa del Curso Introductorio "San José" en el Ejido San Agustín, al año siguiente emprendí los estudios filosóficos en el "Seminario Mayor Santa María Reina", los cuales concluí en el año 2009; en ese mismo año ingresé a la etapa teológica en el mismo Seminario Diocesano, en junio de 2012, finalicé el tercer año de Teología, en enero de 2013 ingresé a la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos) en la Ciudad de México concluyendo los estudios correspondientes a la teología en el Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México (IFTIM). Desde Noviembre de 2013 laboré en el Centro Pastoral Casa Saulo en la ciudad de Torreón, conocido popularmente como "Centro Saulo". Actualmente trabajo en la parroquia Inmaculado Corazón de María en la colonia Torreón Jardín.

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